Se lo llevó
Yo no le pido que me perdone, yo mismo no me comprendo ni me perdonará nunca, y si una bala me alcanza, Dios no lo quiera, me reiré de mi propia estupidez. Sólo sé y comprendo una cosa, y es que te quiero Scarlett, pese a ti y a mí y a ese mundo que se desmorona a nuestro alrededor, te quiero. Porque somos iguales, dos malas personas, egoístas y astutos, pero sabemos enfrentarnos con las cosas y llamarlas por sus nombres.
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Recién llegada en este mundo! Por más blog en Uruguay.
Mujeres por un día.

Flor : Ahora necesito zapaaaatos
Euge: Yo tambieeeeeén
Euge: Urgente
Flor: viste los zapatos de zara que son como ojotas (groncha si) que son de cuero y arriba tiene como arrugado cuero? te parecen muy informales?
Euge: no me acuerdo, habían como 300 zapatos de ese estilo, pero no vi ninguno que me pareciera apropiado para la ocasión. igual no se, no me acuerdo mucho de zapatos.
Flor: Yo creo que me voy a comprar esas, porque no quiero las clásicas chatitas de vieja.
Flor: Como las que me compré hoy jajá jajá.
Euge: Yo encotré unas chatitas azules que quedaban re bieeen y eran 38
Flor: Yo me quiero comprar esas pero tendría que ir mañana, salen 1590 las putitas, y no son muy formales me parece.
Euge: no seas boba, busca algo lindo, todavía si me decís que el vestido tampoco es muy formal.
Flor: Pero me enamoré de ellas
Euge: bueno, te las comprás para el veranito
Flor: Si, en una de esas mi mamá me compra unas ojotas de 1590 para hacer playita.
Euge: son tipo ojotas?
Flor: o sea, son de deditos pero arriba tiene como un descarne todo arrugado q la hacen mas noche jajajaja
Euge: niii me acuerdo, yo se que vi cada bluzita que quede tarada
Euge: Tarado el precio también.
Flro: Hoy me compré una pollera, en el neutral (L de zara también.
Egue: Necesitaba esta charla SIN CONTENIDOO
Flor: jajajjajajaja en nuestra mami, yo también, estoy podrida de charlas importantes.
Euge: Pará, que pasa con el Neutral?
La tragedia romántica.
La comedia romántica, en casi todos los casos, se construye sobre la misma fórmula: dos personajes, que ignoran que son el uno para el otro, se ven unidos por una situación inesperada que los obliga a
descubrirse y enamorarse.
El melodrama, en cambio, se articula sobre la estructura inversa: los personajes saben que son el uno para el otro desde el comienzo, pero se ven separados por situación externa que los obliga a luchar para concretar su amor. Por ejemplo, en Orgullo y prejuicio, los protagonistas se enamoran a primera vista, pero no logran estar juntos hasta que ella vence su orgullo y convence a su familia, y él supera sus prejuicios y su timidez.
Es decir, que la primera siempre relata la historia de dos personas que están juntas pero no saben que se aman, y la segunda, la de dos personas que no pueden estar juntas a pesar de estar enamoradas. En la comedia, el clímax es la confesión del amor, el descubrimiento de ese cariño mútuo, y en el melodrama, en cambio, es la unión de los amantes.
La vida real, por el contrario, rara vez ofrece la pícara perfección del cine. Nuestras relaciones son, en su mayoría, una versión oscura y apolillada de la ficción. Las escenas románticas no suceden en bailes primaverales, barcos demorados o balcones de piedra gris; sino en clubes de barrio con olor a cloro, autos sin aire acondicionado o cafeterías con mozos de mal humor. No nos enviamos cartas de amor, ni nos encontramos en París; hablamos por telefonos públicos en estaciones de ómnibus llenas de ruido.
En consecuencia, si alguna vez conocemos al hombre ideal en una situación perfecta, sabremos que una de ambas variables es, necesariamente, parte de una ficción. O terminamos la noche accidentadas, detenidas en una comisaría o sepultadas bajo una lluvia de granizo, o descubrimos que el candidato perfecto era un asesino serial, un retrasado mental o un gigoló. Es hora de entenderlo, chicas: en la vida real, los únicos fuegos artificiales que existen son los petardos.
descubrirse y enamorarse.El melodrama, en cambio, se articula sobre la estructura inversa: los personajes saben que son el uno para el otro desde el comienzo, pero se ven separados por situación externa que los obliga a luchar para concretar su amor. Por ejemplo, en Orgullo y prejuicio, los protagonistas se enamoran a primera vista, pero no logran estar juntos hasta que ella vence su orgullo y convence a su familia, y él supera sus prejuicios y su timidez.
Es decir, que la primera siempre relata la historia de dos personas que están juntas pero no saben que se aman, y la segunda, la de dos personas que no pueden estar juntas a pesar de estar enamoradas. En la comedia, el clímax es la confesión del amor, el descubrimiento de ese cariño mútuo, y en el melodrama, en cambio, es la unión de los amantes.
La vida real, por el contrario, rara vez ofrece la pícara perfección del cine. Nuestras relaciones son, en su mayoría, una versión oscura y apolillada de la ficción. Las escenas románticas no suceden en bailes primaverales, barcos demorados o balcones de piedra gris; sino en clubes de barrio con olor a cloro, autos sin aire acondicionado o cafeterías con mozos de mal humor. No nos enviamos cartas de amor, ni nos encontramos en París; hablamos por telefonos públicos en estaciones de ómnibus llenas de ruido.
En consecuencia, si alguna vez conocemos al hombre ideal en una situación perfecta, sabremos que una de ambas variables es, necesariamente, parte de una ficción. O terminamos la noche accidentadas, detenidas en una comisaría o sepultadas bajo una lluvia de granizo, o descubrimos que el candidato perfecto era un asesino serial, un retrasado mental o un gigoló. Es hora de entenderlo, chicas: en la vida real, los únicos fuegos artificiales que existen son los petardos.
Todos lo sabemos
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